Partida de ajedrez
Como la mejor estrategia pero olvidada, me encuentro. Estrecho, agrio, sin presencia lunar honesta. Solo noches espesas, una carta de despedida, una lectura trastabillada. Y cuando cierro los ojos se densifica ese olor transversal, oscuro. Se me astilla el pecho y una mirada invisible parece acecharme hace diez villancicos de carne y hueso. Pero mi tiempo no suele correr en el mismo sentido, en el mismo sentido que el resto, ya que el sol brilla por su ausencia. Entonces soy un hombre hundido en un pantano color sábanas, en un nítido sabor a maquinaria. Y el blanco de las cosas no puede hacerle frente a la estúpida presencia de la muerte de turno.