Partida de ajedrez

Como la mejor estrategia
pero olvidada, 
me encuentro. 
Estrecho, agrio,
sin presencia lunar honesta.
Solo noches espesas,
una carta de despedida,
una lectura trastabillada.
Y cuando cierro los ojos
se densifica
ese olor transversal,
oscuro.
Se me astilla el pecho
y una mirada invisible parece acecharme
hace diez villancicos de carne y hueso.
Pero mi tiempo no suele correr en el mismo sentido,
en el mismo sentido que el resto, 
ya que el sol brilla por su ausencia.
Entonces soy un hombre
hundido en un pantano color sábanas,
en un nítido sabor a maquinaria. 
Y el blanco de las cosas
no puede hacerle frente 
a la estúpida presencia

de la muerte de turno.

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