Sorpresa
En todos mis años de trabajo en tal oscuro lugar nunca nada me sorprendió de esta manera. Entré a trabajar acá a mis 18 sin saber que iba a hacer de mi vida y mucho menos lo que me esperaría en ese espeluznante campo. Siempre lo llamé así: “el campo”. La verdad es que nunca me gustó decirle “cementerio”, me sonaba a mucha tristeza. Y no es fácil: los familiares llorando, las viejas historias paranormales de los viejos guardas, mis primeras noches, totalmente aterradoras. Pero si hay algo que puedo asegurar, en veinte años trabajando cómo sepulturero, es que jamás, nunca, jamás me sorprendí; y mucho menos, de la manera en que me sorprendí en mi última noche trabajando ahí. Nunca estuvo permitida la sepultura nocturna, por el simple hecho de que semejante acto requería una precisión y un debido respeto, digno del ritual que representa el final de esta vida. Sin embargo, aquella noche, nos llegó, a mis compañeros y a mí, un recado muy especial y por lo tanto muy específico. El patrón, de ...