Señor Optimista

Son las once y cuarto de la noche y la única certeza que mi mente sostiene es la de que hoy comienza el verano y solo hay lluvia y frío. Ya probé de todo para deshacerme de los pensamientos que últimamente han estado atormentándome. Y yo que creía que lo venía haciendo bien, pero al parecer, es así como debo estar, preocupado, bajo. Porque quiero tenerlo todo, vivirlo todo. Me pregunto como disimularme a mi mismo este sufrimiento, la incertidumbre, que potenciada con el amor es letal para cualquier ser, y más para uno como yo. Y así me encuentro, sumergido en la música aunque mis oídos solo escuchan el silencio, esperando para que algún evento mágico me saque de este estanque mental pseudo sentimental en el que me encuentro donde todo comienza a intensificarse. Y por un momento estuve ciego, pero no, ahora lo veo todo muy claro. Veo muy claro que toda la situación va a ser terrible, o mejor dicho ya es terrible. Pero no por lo que esta conlleva, si no porque se muy bien que es algo por lo que estoy destinado a pasar para conseguir lo que quiero, lo que siento. Es el precio que estoy pagando, solo eso. Entonces la aguanto, me mantengo de pie, aunque, como dije al principio, me haga sentir mal. Y paso a explicar aquí, detenidamente, aquello que disturba mi mente, mis pensamientos, mi existencia. Aquello que viene haciendo de mis segundos un calvario caramelizado, endulzante, que me sienta como un té bien caliente durante una gripe, calmante, un alivio disfrazado de tortura. Antes quiero decir que si decidí interrumpir mi diaria práctica de lidiar en carne viva con este asunto agrio, es porque en este momento estoy viviendo una especie de transe que está prendiendo fuego mis más sensibles terminaciones nerviosas, aquellas que se encuentran en lo más profundo del alma, metafóricamente hablando. Empecé hace unos instantes a ver una especie de película, que se repite una y otra vez, adentrándose como una estaca caliente en toda aquella parte de mi capaz de sentir o bien, de pensar. Todo se siente o mejor dicho se ve, denso y en el ambiente se percibe una niebla de igual característica. Al parecer es una ruta o algo por el estilo, un camino. Es de noche, sí, definitivamente es de noche. De hecho es una noche muy parecida a ésta, calma. Pero todo lo que sigue, no, no es calmo en absoluto, al menos para mi. Veo a través de la calle, desolada, silenciosa, unas luces y el sonido ronco de un movimiento motivado por una sensación extraña de excitación combinada con sentimientos confusos, como si de un estupefaciente se tratase, torpe, confuso también o tal vez, confundido. Se acerca el auto cada vez más, y por ende sus crujidos se escuchan cada vez más fuertes, aunque se entremezclan con los de mi estómago. Y entonces la veo, manejando ese vehículo, con ansias, con una mirada que me hiela la sangre. Es en ese momento de este bucle que se repite una y otra vez, que mi interior se incinera en un instante, ardo por dentro y todo empieza a desmoronarse en mi, porque entiendo que toda esa escena no sugiere un desenlace óptimo, porque todo indica que ocurrirá una tragedia, aunque ésta implique un solo damnificado, es decir, yo. De repente, la escena se apaga, como en un fundido a negro. Y otra vez, aparezco contemplando una serie de hechos que comienzan a conectarse en mi mente cada vez que suceden, cada vez que los veo. Antes de seguir, me gustaría comunicar que me encuentro tan perturbado ante esta serie de escenas que sigo observando, que me olvidé completamente que estoy acostado en mi cama, con las luces apagadas y no me di cuenta que me estoy quedando dormido. Bien, la escena de la carretera se apaga y mi rol de espectador externo a los hechos se traslada a una habitación, espaciosa, con altas paredes que parecen de alfombra de un color rojo intenso. El cuarto parece el de una persona, porque tiene una cama grande en la que puedo apreciar el descuidado toque personal de alguien. Rápidamente mis ojos se encuentran con el sujeto que al parecer es el dueño de ese cuarto, fumando un cigarrillo sutilmente en un sillón que se encuentra colindante a la cama. Y antes de que esos augurios de tragedia se confirmen, comienzo a cuestionarme levemente el porque de mi fulminante privilegio de espectador de una película destructiva para justamente mi persona. La puerta del gran cuarto se abre. Quiero aclarar que mientras cuento estos hechos, los estoy viendo en bucle, y por sobre todo, los estoy sintiendo, como un ancla del más denso y pesado metal cayendo por mi garganta. Todo se termina de derrumbar porque otra vez, ella entra en escena. Y lo que comenzaba a rumorearse en mis deducciones del final de la historia ahora ya es un hecho. Las palabras sobran y el sujeto apaga su cigarrillo con una sonrisa triunfal. Ella, está entregada a las seguridades de un amor que no logro entender, porque solo soy un espectador torturado por unas imágenes en bucle que casi terminan con mi noción de ser, capaz de sentir, capaz de pensar y deducir emociones. El recorrido de sus miradas se encuentra y por ende el de sus cuerpos sigue el mismo destino. La escena continua, con ambos yendo a la cama, en todo sentido. No puedo aclarar más, porque hay un incendio que me carboniza las palabras. Los veo recostarse pero todo está en cámara lenta, como si fuese a propósito, porque yo soy el espectador exclusivo de, como ya dije, para mi, semejante tragedia. El estómago me empieza a doler fuertemente y todos los dolores se suman. Y está todo en mi cabeza, podría jurarlo, por mi propia vida y todas las vidas que me importan… pero ella, ella está acariciándole ahora lentamente el pecho… y el sujeto, el sujeto está sacándole ahora el vestido. Déjenme ir! Porque no puedo seguir viendo, me está matando, igual de lento que el transcurso de la escena. No puedo verla en otros… por que la estoy viendo? Y el bucle termina.
Después de cerrar los ojos un momento, mientras respiro profundo, todo comienza a calmarse en mi interior. Y vale aclarar, que, como dije antes y vuelvo a repetir ahora, esta película, que se repite con una graciosa crueldad, tiene un efecto mucho peor que el que causa en mis más profundos sentimientos, en mis más profundos dolores. Porque ahora que abro mis ojos, ansiosos, vuelvo a confirmar, vuelvo a entender la llamada que el destino está haciéndome. Porque todo esto, es solamente el precio que estoy pagando. Porque sí, soy el señor optimista. Y todo va a estar bien. 

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