Ni mi Sombra
“¿Quién es el bueno y quien es el malo?” Le pregunto a la silueta que se forma en el pavimento mientras fumo el último cigarro que me queda, sentado debajo de un viejo farol. No hay respuesta. Pero, ¿es la cobardía la que lleva a ese cómodo silencio entre mi sombra y yo? ¿O es la satisfacción de saber que la respuesta es igual de indiferente para ambos? La verdad, es que muchos me han dicho que estoy loco. Y yo podría decir que todos estamos un poco locos en el fondo y mostrar con exacerbación las fauces de mi cordura. Pero no, no creo que esté loco. ¿Podría alguien loco cuestionarse a sí mismo la veracidad de su bondad? ¿Podría alguien loco abrillantar los filamentos que desprende su pulida maldad? O incluso, ¿podría alguien loco ocuparse de ambas cosas? Déjenme decir que, a través de este último cigarro he llegado a un quorum con mi sombra. Entendimos, que somos grandes aliados. Tanto en el bien, cómo en el mal. Y nos reímos. Porque… ¿Qué es el bien y qué es el mal? ¿A quién le importa? Bueno, basta de retóricas, basta de humo. A ella le causa gracia como toso, sin embargo a mí me da un poco de tristeza, su atrofiada lucidez. Quien sabe, quizás en el fondo ambos somos lo mismo. Pero acá, en el frío asfalto, debajo de éste viejo farol, uno es el bueno y otro es el malo. Uno sonríe bajo la lluvia que abraza un funeral al que no concurrió nadie, el otro llora acurrucado en el borde de la cama, cuando ve el sol entrar por la ventana. Pero, ¿acaso no fuimos nosotros quienes llegamos a la conclusión de que éramos grandes aliados? ¿A qué vienen estas acusaciones que nos hacemos el uno al otro, mientras quemamos el mismo tabaco? ¿No son mis suelas las que se pegan a las suyas cada vez que ella intenta caminar hacia la dirección equivocada? En fin, uno es el bueno y el otro es el malo. Sólo que mi sombra y yo parecemos no poder decidir quién es cada uno, y el cigarrillo se apagó por completo.
Pasados unos segundos mi cabeza comprende velozmente que
aquel viejo farol dejó de funcionar cuando hice la primera pregunta. Es decir,
que en esta fría noche, debajo de este farol que no funciona, sumido en una
espectacular oscuridad, solo estoy yo.

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